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Campamentos en la base del Everest

Campamentos hacia la Cima

Este artículo es una contribución de nuestro Escritor Invitado: JCR

Los buenos alpinistas van estableciendo campamentos en ruta a la cima.  Así hicieron Sir Edmund Hillary y Tenzig Norgay en 1954 al escalar el Monte Everest por primera vez en la historia.  Pueden regresar al último campamento si falla el próximo intento pero no bajan del nivel logrado.  Eso de dar un paso hacia adelante y dos hacia atrás no existe en su vocabulario.

Al establecer metas y trabajar por lograrlas, es aconsejable ver los peldaños o pasos en que subdividimos la meta como niveles firmes de los cuales no descenderemos; sitios donde sólo podemos regresar y hasta estancarnos, pero no bajar.  Si nos estancamos, podemos trabajar para asegurar y fortalecer el nivel que hemos logrado y esperar el tiempo propicio para seguir.  Es importante suplir y asegurar cada campamento en caso de necesitarlo otra vez.

Campamentos hacia la Cima

Creo que muchas personas al estancarse olvidan el progreso que han logrado, piensan que tienen que comenzar otra vez, con pérdida de tiempo y recursos; y muchas veces se desalientan y abandonan el proyecto.  Hacen lo equivalente a abandonar un campamento ya establecido. Se olvidan de que está ahí, listo para volver a ser sitio de descanso, de trazar nuevas rutas, de hacer nuevos mapas, de comunicarse con el mundo de afuera, de renovar las fuerzas físicas y espirituales.

Es lógico que en la mayoría de proyectos y empresas, mientras más se asciende, más difícil es el trabajo.  En negocios y política, la responsabilidad aumenta, y también los riesgos.  Por eso es  importante ir consolidando lo logrado como preparación  para el nuevo paso. Sin olvidarnos que una caída o accidente (en la montaña otra vez) es más seria y peligrosa mientras más alto hemos ascendido.  Por eso a veces nos estancamos, porque los retos y los riesgos son más grandes a medida que progresamos.  Por lo tanto es importante haber establecido un camino seguro según hemos ascendido.  Tendremos el consuelo de haber hecho algún progreso del que podemos retomar el camino cuando el momento sea propicio.

No desciendas, sigue ascendiendo

En el diario vivir, podemos aplicar esta lección de muchas maneras.  Por ejemplo, cuando jugamos dómino, tenemos una imagen o nivel que queremos defender.  Si se nos considera un jugador “peligroso” o “tremendo” es porque hemos demostrado en numerosas partidas en nuestro grupo que somos excelentes jugadores.  ¿Qué pasa cuando por tocarnos fichas malas, un compañero “flojo” o equivocarnos en alguna jugada nos “dan una pela”?  Nos olvidamos de nuestros logros pasados, nos deprimimos, a veces abandonamos la reunión y hasta decidimos retirarnos del juego.  La solución: aferrarnos al nivel logrado, ver la derrota en perspectiva, alejarnos de la mesa para volver más tarde a jugar al nivel acostumbrado.

¿Y qué tal cuando somos víctima de un rechazo sentimental  o de otra índole?  Lo mismo, volver  al campamento interior, recargarnos de nuestro valor, recordar las muchas personas que nos han querido y estimado, y de lo mucho que podemos servir y contribuir.  Dar un vistazo desde la percha que hemos escalado mientras planeamos la próxima conquista, sea emocional o física.

Regresa al campamento si es necesario

Hay personas que llevan una carga, denominada “garbage” o “basura” que consiste en todo lo que quieren ocultar del pasado, sus temores, sus culpas.  Cuando conocemos a alguien lo primero que nos preguntamos es cuál es la carga que sobrelleva esa persona.  Pues llevemos también una bolsita mágica donde conservamos el nivel que hemos logrado en diversas áreas de la vida.  Tengamos siempre presente lo más alto a que hemos llegado, y tratemos de no bajar, sino siempre subir.  Y si damos un mal paso, volvamos al campamento tan pronto podamos.  Es ahí donde se encuentra lo mejor de nosotros.

 
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2 comments

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